Thursday, October 28, 2010

El Enojo de Jonas Jonas 3:10-4:4


Cuando las cosas no van a nuestra manera, una de las respuestas más naturales es la ira. Pero la ira o el enojo, puede ser una emoción muy destructiva si no es controlada. Puede destruirle a usted y aquellos quienes le rodean. La ira ciega el sentido común y causa que las personas digan y hagan cosas por las que más tarde se lamenten. Sin embargo a veces el enojo puede movernos a actuar con valor contra la injusticia. De modo que ¿por qué nos enojamos?  La Biblia nos narra la historia de un hombre que se enojó tanto con Dios que prefería morir. Jonás, también conocido como el misionero reluctante, se enojó  con Dios. Cuando Dios le dijo a Jonás ir a Nínive y anunciar la inminente destrucción que iba a llegar a esa ciudad, Jonás evadió las instrucciones de Dios y encontró algunas vicisitudes muy graves como resultado de su caminar lejos de Dios. Finalmente, Jonás fue a Nínive y predicó el arrepentimiento. Dios perdonó a la gente de Nínive y se salvaron sus vidas. Ahora se molestó Jonás, tan enojado que se quería morir. Estaba enojado con Dios porque Dios cambió de opinión y no hizo lo que Jonás dijo que Dios iba a hacer. En otras palabras, Jonás se enojo con Dios, porque Dios no hizo lo que Jonás quería que Dios hiciera. Jonás estaba más preocupado por lo que él quería y por lo que otros pensaban de él, que por la gente a quienes le estaba predicando. Le preocupaba quedar bien ante el pueblo, por estar correcto, quería ser reconocido como un buen profeta. El orgullo en el corazón de Jonás le llevó a crear una expectativa falsa de Dios. Dijo, “yo sabía que eres un Dios generoso y compasivo, lento para la ira y abundante en el amor, un Dios que te arrepientes del mal". Aun después de ver los sorprendentes resultados de su trabajo, que la ciudad entera de Nínive se arrepintió y Dios cambió la amenaza del castigo, todavía Jonás se sentó  fuera de la ciudad para ver su destrucción. ¿Por qué no empacó y se fue y cantó una canción de agradecimiento por la misericordia de Dios a esa ciudad? En su lugar fue obstinado y permaneció allí enojado con la esperanza de la destrucción de la ciudad. Pero Dios le enseñó una lección acerca del perdón.  A veces, nos enfadamos con los demás, o con Dios o con nosotros mismos. Esta ira se remonta a nuestra creación de expectativas poco realistas de los demás, o de Dios o de nosotros mismos. Cuando esperamos que otros hagan ciertas cosas y no la hacen, nos enfadamos con ellos. Cuando esperamos que Dios haga algo por nosotros, y él no lo hace, nos enfadamos con El. A veces nos sentimos celosos de las bendiciones de otros y le preguntamos a Dios, ¿donde está mi bendición? Es frustrante cuando no conseguimos lo que queremos, y cuando esto ocurre, pasamos al enojo. Pero Dios pregunta ¿tienes derecho a estar enojado? La respuesta es no. ¿Cómo impedir estar enojado? Examínese usted mismo. ¿Por qué está furioso? ¿A quien está dirigiendo su enojo? Considere la posibilidad de que tal vez la fuente de su enojo no es realmente la otra persona, pero lo que Usted quería que la otra persona hiciera por usted. ¿Consideró que cuando usted coloca esta expectativa en la otra persona,  quizás este Usted siendo demasiado exigente? ¿Consideró la capacidad de la otra persona para hacer lo que Usted desea? Por último, ¿consideró que a veces, puede haber un cambio de planes? ¿Es su orgullo el que está metido en el medio de nuestra habilidad de aceptar a los demás? Un buen ejercicio sería comenzar nuestro día con acción de gracias. Ponga extra atención a las misericordias y la gracia de Dios. Piense acerca del trabajo increíble que El ha hecho en la creación. Considere los lirios del campo. Levante su mirada y deléitese en el trabajo la obra de Dios. Practica ver la obra de Dios  en otros. Vea qué gran Dios es él cuando bendijo a Fulano o Fulana. Agradece lo que Dios te dio y  lo que Dios hace para los demás.

1 comment:

  1. Psa 37:8 He Déjate de la ira, y depón el enojo; no te enojes en manera alguna para hacerte malo.

    Psa 37:11 Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con la multitud de la paz.

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